Gracias a Daniel Goleman y a la inteligencia emocional ha habido un pequeño giro a nivel educativo. Las emociones son importantes. Daniel Goleman ha establecido cinco pasos a los cuales nosotros también nos hemos adaptado.
Primero, tenemos que tomar conciencia de nuestro lenguaje o tomar conciencia de nuestras emociones.
Tomar conciencia del lenguaje es saber qué es una palabra positiva, qué es una palabra negativa, qué efectos tiene…
El segundo paso es regular la emoción. El segundo paso sería regular las palabras. Si yo no puedo regular las palabras, es decir, si yo no puedo elegir las palabras, ¿cómo voy a cambiar? Entonces, si no tomo conciencia de las palabras, no podré regular. Los profesores pueden tomar conciencia de las palabras. ¿Regular las palabras para qué? Para ser autónomo
Tercero, tener autonomía en el lenguaje. Poder decir, elegir las palabras, no pararme automáticamente en lo que me viene.
El cuarto paso sería tener las habilidades lingüísticas, aquellas habilidades que nos permiten relacionarnos con los demás, que me permiten relacionarme conmigo mismo, que me permite abrirme al mundo…
Ese lenguaje positivo que me hace ver el lado favorable de las cosas es una habilidad. Y eso me da unas competencias, que sería el quinto paso. Competencias emocionales o competencias lingüísticas. Es decir, soy una persona competente para crear y establecer una relación social favorable, para relacionarme, no solamente con los que me rodean fuera en mi trabajo, sino con mi pareja, como padre, como madre, o para relacionarme también con mis compañeros, para relacionarme con la gente con la que me encuentro por la calle…
Al final, esas competencias abarcan el universo en el cual nosotros nos movemos y hacen que, además, ese universo sea todavía más universalizable. Me doy cuenta que formamos parte de algo más grande que nosotros mismos, del universo de 7.500 millones de personas.